¡Ay! Nunca pensé que subir de peso fuera mi obsesión. Pero no en mí, no, en el nene. Y eso que, aunque se haya adelantado tres semanas, ha nacido bastante hecho (no hago más que pensar si hubiera nacido en su tiempo, cuánto hubiera pesado al nacer y cómo me hubiera puesto yo).
Guillermo nació con 2,935 kg y 47 cm de longitud, un futuro tiarrón que ya en las ecografías prometía ser un glotón de mucho cuidado. Hoy puedo confirmar que así es, come como una "lima sorda" y se pone tan nervioso cuando tiene hambre que hasta tiembla (¡a mí me entra un sentimiento!). Pero claro, tan pequeño y tan dormilón, me perdió mucho peso en los primeros tres días y el diagnóstico de la pediatra fue claro: "este niño tiene que remontar peso como sea: a darle de comer cada dos horas y despertarlo si hace falta". No sabéis lo complicado que es despertar a un bebé de días cuando está totalmente "estroncao", ya le podía echar agua en la cara, tocarle los pies (que por lo visto les molesta bastante), zarandearlo (con mucho cuidado, claro), que nada. Aún así, y tras dos semanas de no dormir nada, arrastrar las ojeras por el suelo, no salir del sillón del salón y saltarme la ducha algún que otro día, conseguimos que pusiera.
Y ya la semana pasada... ¡sobrepasó los 3 kilos! Y a darle de comer "a demanda", lo que para Guillermo quiere decir cada hora y media, jajaja. Hoy ya tiene 3,640 kg, ha subido algo más de medio kilo en una semana, yo me he relajado y veo la luz al final del túnel: me quedan 20 días para acabar la cuarentena y me han dicho que, en el día 41, es como si tuvieran un chip que se acciona automáticamente: duermen más y se apaciguan... ¿Será verdad? ¿Volveré a saber qué es dormir tres horas seguidas? Mmmm... delicioso... tres horas seguidas de sueño...
Mi casa tiene goteras
jueves, 7 de julio de 2011
domingo, 26 de junio de 2011
Ya hay un Guillermo en mi vida
Sé que mis desapariciones han sido muy habituales últimamente, pero esta ha tenido una razón especial. De hecho, he entrado en un momentín para contaros la última noticia de mi vida... Guillermo ya llegó!! Fue hace diez días, el 16 de junio (fecha bonita, verdad?? jejeje).
Se ha adelantado tres semanas, pero ya es como si llevara conmigo toda la vida.
De momento, os dejo por un periodo un poco largo, no sabéis lo que me ha costado estar sentada delante del ordenador para escribir estas cuatro líneas, pero en cuanto pueda, espero retomar mis actividades normales... al menos, un poco!!
Chaoo!!
Se ha adelantado tres semanas, pero ya es como si llevara conmigo toda la vida.
De momento, os dejo por un periodo un poco largo, no sabéis lo que me ha costado estar sentada delante del ordenador para escribir estas cuatro líneas, pero en cuanto pueda, espero retomar mis actividades normales... al menos, un poco!!
Chaoo!!
lunes, 6 de junio de 2011
Reflexiones
A pocas semanas de dar a la luz, pueden ser muchas cosas las que se te pasen por la cabeza, pero... ¿por qué se te pasan todas en el mismo momento? Es en ese instante de estrés, cuando un dolor más agudo, unas punzadas más fuertes, te hacen ver que la cosa está más cerca de lo que parece, que te hacen ver las orejas al lobo como quien dice.
Antes de eso, vives en una burbuja de sensaciones placenteras: sientes al nene moverse - ya con dificultad y algo dolorosamente para ti - y le riñes de forma cariñosa, "Ay, mi niño, qué me duele esa patadita que me has dado en el costado"; preparas con tranquilidad la bolsa de los dos, y a cada prenda de él que metes en su bolsa, la miras y sonríes, como si el body que acabas de guardar fuera el mismo nene.
Sin embargo, aún no estás preparada. Has tenido nueve meses casi para hacerlo, pero no lo estás, ni tú ni mucho menos, tu pareja. Y tienes muchas ganas de verlo, por descontado, pero aún quieres seguir sintiéndolo en la barriga un poquito más. Y, de repente, sin esperarlo, vuelves a pasar una noche mala, con lo que tú crees que son contracciones (¿qué si no han sido esos dolores?), y vuelves a verlo todo tan cerca, tan físico y tan real...
Queda poco, teóricamente cuatro semanas. ¡¡Cuatro semanas!! Mi barriga, ese ente que ya se ha convertido en algo independiente a mí, que hace y deshace a su antojo, tiene ya un volumen considerable y hace que yo tenga que andar inclinada para atrás y me sea imposible acercarme a la mesa a comer. La torpeza también se ha apoderado de mi vida: todo lo que es susceptible de caerse, se cae; y todo lo que no lo es, también lo hace.
Sigo esperando, viendo tele, series y leyendo revistas en la que el artículo estrella ya no es el look del verano, sino "Las bañeritas estrella para tu bebé", ¿tanto he cambiado?
Antes de eso, vives en una burbuja de sensaciones placenteras: sientes al nene moverse - ya con dificultad y algo dolorosamente para ti - y le riñes de forma cariñosa, "Ay, mi niño, qué me duele esa patadita que me has dado en el costado"; preparas con tranquilidad la bolsa de los dos, y a cada prenda de él que metes en su bolsa, la miras y sonríes, como si el body que acabas de guardar fuera el mismo nene.
Sin embargo, aún no estás preparada. Has tenido nueve meses casi para hacerlo, pero no lo estás, ni tú ni mucho menos, tu pareja. Y tienes muchas ganas de verlo, por descontado, pero aún quieres seguir sintiéndolo en la barriga un poquito más. Y, de repente, sin esperarlo, vuelves a pasar una noche mala, con lo que tú crees que son contracciones (¿qué si no han sido esos dolores?), y vuelves a verlo todo tan cerca, tan físico y tan real...
Queda poco, teóricamente cuatro semanas. ¡¡Cuatro semanas!! Mi barriga, ese ente que ya se ha convertido en algo independiente a mí, que hace y deshace a su antojo, tiene ya un volumen considerable y hace que yo tenga que andar inclinada para atrás y me sea imposible acercarme a la mesa a comer. La torpeza también se ha apoderado de mi vida: todo lo que es susceptible de caerse, se cae; y todo lo que no lo es, también lo hace.
Sigo esperando, viendo tele, series y leyendo revistas en la que el artículo estrella ya no es el look del verano, sino "Las bañeritas estrella para tu bebé", ¿tanto he cambiado?
martes, 31 de mayo de 2011
Seis semanas
Podría decir que mis entradas se han perdido en el misterioso universo de la blogosfera; que mis palabras han sido raptadas por un pirata informático; o incluso que mi ordenador se ha puesto en huelga y no he podido hacerlo trabajar... Pero entonces mentiría. Casi un mes después de publicar mi último post, con problemas de blogger de por medio y borrado de comentarios y demás, me he reinventado y vuelvo a las andadas.
Ya me lo planteé cuando comencé este nuevo blog, "no me lo iba a tomar como una obligación". Ya lo hice con el primero y, al final, no salió del todo bien. Así que ahora, con tiempo, tranquilidad y ganas, os dejo otra gotera de mi casa.
Me quedan seis semanas para ser mamá. No sé por qué decir "seis semanas" se me antoja más impactante que decir "mes y medio", desde luego, el cuerpo me reacciona de otra forma. Ya noto que cada día no es un día más... es un día menos y no sé si sentir miedo, ansia, ilusión o... ¿qué?
En las clases preparto nos explicaron todo el proceso del parto con pelos y señales y volví a casa casi desencajada: no era el relato de una amiga, no, era lo que me iba a pasar a mí. Gracias a Dios que no mostraron el famoso vídeo de un parto, si hubiera sido así, hubiera salido corriendo sin volver la vista atrás. Creo que no es necesario ver esas imágenes para ser consciente de la que se avecina, en serio, ¿qué pensáis vosotros?
Pero de eso hace un par de semanas, el cuerpo se acostumbra a vivir con esas expectativas y, o soy muy zen, o mi cabeza ha decidido darse un descanso y preocuparse por los problemas cuando estén encima. Disfrutaré de estas escasas seis semanas, aunque el calor se haya convertido en un duro contrincante (tengo mis armas, el aire acondicionado); y el paseo diario haya pasado de ser una costumbre a una obligación a veces tediosa (pero quien algo quiere, algo le cuesta).
Con dolores de "encaje", bajadas de tensión, pero sin los pies hinchados os invito a esta recta final de mi embarazo. Con lo cagona que soy, solo espero que salga bien todo, que al final de la recta os pueda escribir un post contándoos lo maravilloso de ser madre, y que luego tarde muchísimo en retomar mi blog porque... mi nene estará conmigo y me necesitará a todas horas del día.
Chaoo!!
Ya me lo planteé cuando comencé este nuevo blog, "no me lo iba a tomar como una obligación". Ya lo hice con el primero y, al final, no salió del todo bien. Así que ahora, con tiempo, tranquilidad y ganas, os dejo otra gotera de mi casa.
Me quedan seis semanas para ser mamá. No sé por qué decir "seis semanas" se me antoja más impactante que decir "mes y medio", desde luego, el cuerpo me reacciona de otra forma. Ya noto que cada día no es un día más... es un día menos y no sé si sentir miedo, ansia, ilusión o... ¿qué?
En las clases preparto nos explicaron todo el proceso del parto con pelos y señales y volví a casa casi desencajada: no era el relato de una amiga, no, era lo que me iba a pasar a mí. Gracias a Dios que no mostraron el famoso vídeo de un parto, si hubiera sido así, hubiera salido corriendo sin volver la vista atrás. Creo que no es necesario ver esas imágenes para ser consciente de la que se avecina, en serio, ¿qué pensáis vosotros?
Pero de eso hace un par de semanas, el cuerpo se acostumbra a vivir con esas expectativas y, o soy muy zen, o mi cabeza ha decidido darse un descanso y preocuparse por los problemas cuando estén encima. Disfrutaré de estas escasas seis semanas, aunque el calor se haya convertido en un duro contrincante (tengo mis armas, el aire acondicionado); y el paseo diario haya pasado de ser una costumbre a una obligación a veces tediosa (pero quien algo quiere, algo le cuesta).
Con dolores de "encaje", bajadas de tensión, pero sin los pies hinchados os invito a esta recta final de mi embarazo. Con lo cagona que soy, solo espero que salga bien todo, que al final de la recta os pueda escribir un post contándoos lo maravilloso de ser madre, y que luego tarde muchísimo en retomar mi blog porque... mi nene estará conmigo y me necesitará a todas horas del día.
Chaoo!!
miércoles, 11 de mayo de 2011
Curiosidades diarias
¿Por qué dejamos la casa en un punto la noche antes de que venga la mujer que tienes contratada para que te deje la casa en un punto?
Yo, desde luego, lo hago: saco la basura; no dejo un plato en el fregadero -cuando he tenido los platos de dos cenas acumulados hasta esa noche-; recojo los bolsos y los pañuelos que han estado adornando la mesa del salón durante toda la semana; cuelgo las rebecas que han estado apoyadas en las sillas por días... Vamos, que dejo recogidita.
Lo he hablado con más gente y no soy la única que lo hace. Quizás es que en casa de mis padres nunca hemos tenido a una mujer contratada para estos menesteres y todavía tengo la sensación de que si viene alguien de fuera, lo mejor es dejar tu casa lista.
No lo sé, en cualquier caso... ¿es curioso o no?
Chaoo!!
Yo, desde luego, lo hago: saco la basura; no dejo un plato en el fregadero -cuando he tenido los platos de dos cenas acumulados hasta esa noche-; recojo los bolsos y los pañuelos que han estado adornando la mesa del salón durante toda la semana; cuelgo las rebecas que han estado apoyadas en las sillas por días... Vamos, que dejo recogidita.
Lo he hablado con más gente y no soy la única que lo hace. Quizás es que en casa de mis padres nunca hemos tenido a una mujer contratada para estos menesteres y todavía tengo la sensación de que si viene alguien de fuera, lo mejor es dejar tu casa lista.
No lo sé, en cualquier caso... ¿es curioso o no?
Chaoo!!
lunes, 2 de mayo de 2011
No hemos cambiado tanto
Qué verdad que es que las modas siempre vuelven; la ropa de ayer vuelve a estar en el candelero cincuenta años más tarde; las radios cuanto más retro, más modernas son; los relojes de pulsera clásicos golpean fuerte y así, miles de detalles más en la vida diaria que, con solo pararnos a pensar un poco, son el ejemplo perfecto de esta máxima... ¡¡Si hasta vuelve el papel pintado!!
Lo que sí es un contraste bastante chocante y que te hace sonreír un poco es lo siguiente: esta mañana, en mi paseo diario para hacer que la barriga no sea lo único que se distinga de mí en unas semanas, he visto en un intervalo de diez minutos a una persona mayor - de unos sesenta o setenta años, con esas edades no sé ser concreta - con su transistor y a un chico de unos catorce o quince años - tampoco sé ser concreta con esas edades -, con su móvil de última generación escuchando música (sin auriculares quiero decir).
En definitiva, da igual que uno estuviera escuchando Radio Olé y el otro, la última canción de un grupo pop cualquiera que esté de moda hoy en día porque, en realidad, no hemos cambiado tanto.
Chaoo!!
Lo que sí es un contraste bastante chocante y que te hace sonreír un poco es lo siguiente: esta mañana, en mi paseo diario para hacer que la barriga no sea lo único que se distinga de mí en unas semanas, he visto en un intervalo de diez minutos a una persona mayor - de unos sesenta o setenta años, con esas edades no sé ser concreta - con su transistor y a un chico de unos catorce o quince años - tampoco sé ser concreta con esas edades -, con su móvil de última generación escuchando música (sin auriculares quiero decir).
En definitiva, da igual que uno estuviera escuchando Radio Olé y el otro, la última canción de un grupo pop cualquiera que esté de moda hoy en día porque, en realidad, no hemos cambiado tanto.
Chaoo!!
jueves, 14 de abril de 2011
Retazos
No voy a mentir, este post se me ha ocurrido pensando en escribir una pequeña lista de cosas, conceptos, música, etc. que están ahora en auge, para cuando mi nene sea mayor, sepa qué lo rodeaba cuando nació.
De repente, pensé en qué habría alrededor mía cuando yo nací, pero como no dejo de ser una perezosa, antes de meter en Google el año de mi nacimiento y ver un poco que se cocía, se me fue la cabeza hacia otro tema, ¿qué retazos guardamos en nuestra mente a lo largo de la vida?
Todas las experiencias tienen algo. A veces hay la suerte de que una fotografía encierra el momento. Yo, por ejemplo, tengo una fotografía del día en que nos conocimos el señor M. y yo. Y ese día no pasó nada entre nosotros. Nos hace gracia porque estamos sentados juntos - junto a otras personas - y ahora sé que lo suyo sí fue intencionado. Pero, si no hubiera tenido ese momento inmortalizado, ¿habría algo que me lo recordaría? Algo intangible como una canción; algo físico como la camiseta que llevaba puesta ese día.
En fin, de mi paso de la infancia a la adolescencia, tengo como banda sonora a OBK. Cada vez que me acuerdo, me echo a reír, pero nos intercambiábamos la letra de las canciones entre las amigas.
De una noche en la feria que fue muy especial - y de la que llegué muy tarde a casa -, guardé el bonobús de vuelta, con el registro subrayado.
El otro día, haciendo limpieza de bolsos, descubrí que aún guardo el bolso que usaba con 16 o 17 años cuando iba a la discoteca. Un bolsito negro, pequeño y de bandolera. De mis primeras adquisiciones en Mango. Qué podía hacer, volvió al fondo del armario para que me dé otra sorpresa más adelante, de momento se salvó de la quema.
Y así podría seguir y seguir. De hecho, el armario que fue mío en casa de mi madre tiene hasta los cromos con los que jugaba de pequeña en la calle. Lo que es una muestra del aluvión de retazos físicos de varios momentos de mi vida y que muchas veces han estado en peligro. Sobre todo al principio de estar casada, cuando mi madre me insistía una y otra vez para que le desalojara el armario. Ahora se le ha pasado el tema - y llevo ya tres años y medio casada -, pero sé que pronto volverá al candelero porque quiere renovar ese que fue mi armario. ¿Qué voy a hacer?
Chaoo!!
De repente, pensé en qué habría alrededor mía cuando yo nací, pero como no dejo de ser una perezosa, antes de meter en Google el año de mi nacimiento y ver un poco que se cocía, se me fue la cabeza hacia otro tema, ¿qué retazos guardamos en nuestra mente a lo largo de la vida?
Todas las experiencias tienen algo. A veces hay la suerte de que una fotografía encierra el momento. Yo, por ejemplo, tengo una fotografía del día en que nos conocimos el señor M. y yo. Y ese día no pasó nada entre nosotros. Nos hace gracia porque estamos sentados juntos - junto a otras personas - y ahora sé que lo suyo sí fue intencionado. Pero, si no hubiera tenido ese momento inmortalizado, ¿habría algo que me lo recordaría? Algo intangible como una canción; algo físico como la camiseta que llevaba puesta ese día.
En fin, de mi paso de la infancia a la adolescencia, tengo como banda sonora a OBK. Cada vez que me acuerdo, me echo a reír, pero nos intercambiábamos la letra de las canciones entre las amigas.
De una noche en la feria que fue muy especial - y de la que llegué muy tarde a casa -, guardé el bonobús de vuelta, con el registro subrayado.
El otro día, haciendo limpieza de bolsos, descubrí que aún guardo el bolso que usaba con 16 o 17 años cuando iba a la discoteca. Un bolsito negro, pequeño y de bandolera. De mis primeras adquisiciones en Mango. Qué podía hacer, volvió al fondo del armario para que me dé otra sorpresa más adelante, de momento se salvó de la quema.
Y así podría seguir y seguir. De hecho, el armario que fue mío en casa de mi madre tiene hasta los cromos con los que jugaba de pequeña en la calle. Lo que es una muestra del aluvión de retazos físicos de varios momentos de mi vida y que muchas veces han estado en peligro. Sobre todo al principio de estar casada, cuando mi madre me insistía una y otra vez para que le desalojara el armario. Ahora se le ha pasado el tema - y llevo ya tres años y medio casada -, pero sé que pronto volverá al candelero porque quiere renovar ese que fue mi armario. ¿Qué voy a hacer?
Chaoo!!
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