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domingo, 20 de febrero de 2011

Un día maravilloso

Hace unos días hablaba sobre el paso del tiempo y el estrés que éste puede causarme. El señor M. leyó el post, me miró y me dijo: "¿De verdad que te sientes así?".

Ahora mismo estoy viendo un reportaje de "Informe Semanal" - en redifusión - de una comarca española - el Albarracín - donde la gente vive de media... ¡más de noventa años! Y con unas condiciones de vida muy aceptables.

Son pueblos perdidos en la sierra, con una imagen nevada y de aislamiento bastante idílica, pero... ¿podría yo aguantar eso? Son gente que vive rodeada de sus animales, que alimenta sus huertos, que aún pone las estufas de cisco... Y yo, que si entra un pájaro en casa, me encierro en una habitación hasta que alguien lo echa; o que se me mueren hasta los potos (las plantas que mejor aguantan la falta de agua, exceptuando los cactus...); quizás no se trataría tanto de si yo aguantaría en un lugar así de alejado y aislado, quizás se trataría de ¿yo sobreviviría en un lugar así?

En cualquier caso, me he ido por las ramas, porque el título del post iba por otro lado, "Un día maravilloso", y he vuelto a vivir en la divagación, ese mal que me aqueja desde siempre (no es la primera vez que me dicen "al grano", algo que le repito muchas veces a la gra señora M., ¿quiere decir eso que cuanto más mayor me hago, más me parezco a ella? La respuesta es sí. Antes me disgustaría este aspecto, ahora lo acepto e interiormente me regocijo - ¿vuelta a la divagación? Sí. Venga, al grano).

Hoy es un día maravilloso, el sol se desparrama; entraba por los agujeritos de la persiana antes de levantarnos augurando un paseo y un tapeo a medio día; augurando tender por fin al aire libre y conversación con el señor M. delante de una cerveza y unas aceitunas en la calle (yo, un Nestea).

¿Qué tiene que ver todo esto? ¡Ay, que casi pierdo el hilo argumental! Pues que hoy voy a vivir el día, hoy no voy a pensar en el ayer (un día en el que casi me caigo resbalando con el suelo mojado); ni tampoco en el mañana (que es lunes y hay que volver a trabajar).

Chao y buen domingo luminoso (para los que lo tenemos claro).

lunes, 14 de febrero de 2011

El tiempo pasa... ¡y yo con estos pelos!

¿No tenéis la sensación a veces de que el tiempo pasa tan rápido que no os da tiempo a preparos? Os coge desprevenidos, sin avisar, como si te abren la puerta del baño.

¡Ay! El paso del tiempo me provoca sufrimiento - qué dramatismo, pero es así -. Mejor no pensarlo demasiado, sino mi naturaleza obsesiva podría llevarme directamente al psicólogo. A veces pienso en el futuro: yo, con cincuenta; yo, con sesenta; ¡yo, con setetenta! Y es imposible que las cosas sean como lo son ahora y mi mente entra en bucle, ¿y si hubiera una máquina, un artefacto, una poción, que te permitiese retroceder hasta un tiempo concreto? No tiene por qué ser un instante, basta con que te deje apearte en cualquier momento de una etapa larga de tu vida.

De repente, comienzo a verlo claro en la mente: "si pasara, haría esto y, a continuación, lo otro; y luego...". Luego me doy cuenta de que el archivo que tengo entre manos debo entregarlo en media hora y que más vale que me dé prisa en terminarlo.

De todas formas, ese sueño continuará desarrollándose en mi imaginación y por un instante seré hasta feliz con el resultado.

¿Cuál es el problema de esto? Que no terminas de disfrutar lo que tienes en el presente. Y quizás precisamente por eso necesites ese artefacto, para poder hacerlo un poco más tarde.

¡Ay, el paso del tiempo! No tiene consideración ninguna. Ni un pelín de respeto ni de sentimiento. Quizás sea la única cosa que, a las duras y a las maduras, se mantiene intacto, impasible.

Ahí está, el paso del tiempo... ¡y yo con estos pelos!