Bueno, la semana ha sido dura, dura, dura. La cuesta comenzó a empinarse desde el lunes y no paró de subir hasta el viernes. Para entonces mis tobillos parecían botas, mi cabeza iba a estallar y el sueño se apoderaba de todos mis actos conscientes de un modo un tanto peligroso. (Menos mal que Prudencia estaba sentada junto a mí en el coche, no está mal llevarla de copiloto).
¿Cuál es el descubrimiento? En esta ocasión no se trata de nada relativo a los bebés ni a síntomas del embarazo desconocidos para mí ni nada de eso. En este apartado del post, digamos que vuelvo a ser una persona, no una incoherencia matemática. Es una cantante a la que tengo de fondo tocando ahora mismo, mientras escribo esta entrada y mientras blogueo poniéndome al día en el gran número de entradas que me había perdido. Es Adele. Yo nunca he entendido mucho de música, me guío por si me gusta una canción o no. No sé de estilos ni de modas ni de nada. Si me gusta, me gusta; si no, no. Por ejemplo, no entiendo el fenómeno Lady Gaga; y tampoco entiendo que no haya descubierto a esta cantante antes. Por cierto, he leído que es soul. ¿Seré ten chic que me gusta el soul? Jejejejej...
¿Recomendación? Entrad en YouTube y escucharos la selección de canciones que hay colgadas. Sobre todo de directos, claro.
¿El mensaje? ¿Esperabais que una embarazada no hablara de su estado? Ni lo soñéis, es inevitable. Aunque durante un momento mi yo de siempre se haya asomado a la terraza, la gorda en la que me estoy convirtiendo lo ocupa todo de modo tan rotundo que... le digo a mi nene: "Eres al único al que permito que me patee la vejiga".
Chaoo!!
Mostrando entradas con la etiqueta Embarazo. Mostrar todas las entradas
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domingo, 27 de marzo de 2011
domingo, 13 de marzo de 2011
Las premamás no tenemos derecho a moda
Siendo domingo por la tarde y mañana reincorporándome al trabajo tras ocho días de vacaciones, ¡podría escribir de tantas cosas! Pero prefiero ocultar mi frustración y mis sensaciones extrañas para mejor momento y aquí traigo una reflexión a la que he llegado en los últimos meses. Tenía el post preparado, espero que os guste y, si estáis en la misma situación que yo, os sirva de algo.
Esto es algo a lo que he llegado en conclusión después de varios paseos con la cartera llena (es una forma de hablar), las intenciones positivas y el resultado: manos vacías.
Podría hacer un análisis profundo de la moda premamá del momento en las tiendas de uso común de la mayoría de las mortales: Zara, Mango, Massimo Dutti, etc. Pero no lo voy a hacer, voy a dar unas cuantas pinceladas de lo que me he encontrado en estas últimas semanas.
Zara no ofrece nada interesante. Ha introducido algunos pantalones vaqueros premamá cuya calidad deja que desear al lado de otros pantalones - sobre todo en el material del que está hecho el canguro (esa tira ancha que abraza tu barriga protuberante y de cuyo nombre me he enterado hace poco) -. A parte de eso... quizás traen algunas blusas sosas, alguna camiseta sin ningún tipo de pretensión y todo eso en un "corner" (es que he decidido escribir con propiedad, jejeje) que no tiene más de veinte centímetros cuadrados. No sé si es que piensan que como ahora la moda no es ceñida, que abundan los blusones, pueden ahorrarse un esfuerzo en esa otra línea. Pero ya les digo yo que no. No tiene nada que ver la ropa hecha exprofeso para embarazadas que las que te pones porque son anchas, estas últimas hacen un efecto "mesa camilla" nada favorecedor.
Massimo Dutti, simplemente no lo contemplan. No hay nada. Puedes aprovecharte de su gran abanico de blusones con los que te agasajan cada principio de temporada, pero como ya dije antes, no convencen por completo.
Mango, cero patatero. Ya entraba poco por diferentes razones ajenas al post, pero ahora entro menos.
Blanco, Bershka, Stradivarius... Por supuesto, todas estas tiendas han quedado fuera de mi radio de acción por el tema de la edad hace ya mucho tiempo. Me siento como cuando mi madre me acompañaba a comprarme ropa de adolescentes: pienso que lo único que le falta a cada una de las tiendas es una barra americana y un podium para gogós. Aunque en los últimos tiempos he pensado que no les vendrían mal hacer una línea premamá para sus clientas, ya que su público objetivo es un nicho de mercado premamá bastante poco explorado. (Aunque supongo que quedaría políticamente incorrecto).
Y ahora, saltándome más tiendas en la que los resultados fueron simplemente nulos, me voy a las estrellas:
H&M. Gran hallazgo. El corner de premamá es pequeño, pero suficiente. Todo tipo de pantalones: vaqueros, que por cierto tienen calidad y quedan estupendamente; con lycra y pitillos, perfectos, yo misma tengo unos en grises y son de los que más me gustan; pantalones de verano, tipo cacería; mallas... etc. En el ámbito de los blusones, volvemos a los mismos blusones sosos, pero también a camisetas con prints muy chulos y con un corte premamá, ya me he hecho con tres; camisetas básicas blancas, negras y grises, de tirantas o de manga corta, imprescindibles... Los precios, asequibles. Chicas premamás del mundo: OS ACONSEJO H&M PARA VUESTRAS COMPRAS PREMAMÁ. Lástima que no en todos los establecimientos tengan esta línea.
Benetton. Buenas oportunidades en rebajas.
Mit Mat Mamá. Esta tienda es especializada en premamás y está muy bien si tienes la cartera llena (pero de verdad, no como la llevaba yo al principio del post). De aqui tengo un peto original adquirido en rebajas. Nada más. Los vaqueros, chulísimos, pero de unos setenta euros, para mí, nada asequibles. Pero déjate mimar, no suele haber mucha gente y la chica te lo pone todo a tu disposición, te pruebas muchas cosas y sí, puedes acabar pincando algo. (Y sus escaparates te dejan con ganas de más).
El Corte Inglés. Bueno, ya no es lo que era, para bien. Quiero decir, antes "El Corte Inglés" era sinónimo de "¡Carooooo!", pero ahora puede ser un lugar más por el que ir sin ningún tipo de pudor. De forma normal, Fórmula Joven, Sfera, etc. te dan soluciones muy satisfactorias. Pero como no estamos en una situación "normal" (menos mal, porque estar embarazada es maravilloso, pero para lo que dura, no para más), pues voy a lo que voy. Que tenga yo entendido, "Alia" es su marca de premamá, al menos es la única que he visto. Lo malo de todo esto, es que cogí lo restos de rebajas y no había mucha variedad. La línea tampoco es muy extensa, pero en el catálogo de la Semana Fantástica he visto una camiseta naranja chulísima.
C&A. A pesar de que tienen una sección muy bien nutrida, no me gustó nada de lo que había. Qué le vamos a hacer, no es mi estilo. Aún así aconsejo dar una vueltecilla.
Prénatal. Igual que C&A. Tenían bastantes cosas, pero ni me terminó de convencer ni los precios eran los más adecuados.
Bueno, aquí han ido algunas pinceladas. La conclusión, la misma con la que comenzaba el post: las mujeres premamás estamos discriminadas. Es comprensible que no haya lo mismo en cantidad y calidad como lo hay de moda normal, pero un poquito de por favor, que somos mujeres y quizás nosotras necesitemos más que ninguna otra persona sentirnos más guapas.
Un apunte: para un vaquero, piérdele el cariño a un mínimo de 40 euros. Puede dar coraje, sobre todo porque no lo usarás de forma indefinida, sino solo por unos meses, pero es un aro por el que todas tenemos que pasar.
En otro post hablaré de la ropa interior, la gran olvidada.
Chaoo!!
PD: Y no te dejes llevar por los comentarios tipo: "No te compres mucho, para lo que dura", "Con dos pantalones, tienes de sobra". La gran señora M. fue una experta en estos comentarios, pero admitámoslo, ¿quién quiere ir retratada? No me voy a hacer con un armario completo de premamá, pero...
PPD: Aquí dejo unas muestras de mi pequeño armario premamá, faltan algunas cosillas (dos vaqueros, una camiseta y poco más).


Esto es algo a lo que he llegado en conclusión después de varios paseos con la cartera llena (es una forma de hablar), las intenciones positivas y el resultado: manos vacías.
Podría hacer un análisis profundo de la moda premamá del momento en las tiendas de uso común de la mayoría de las mortales: Zara, Mango, Massimo Dutti, etc. Pero no lo voy a hacer, voy a dar unas cuantas pinceladas de lo que me he encontrado en estas últimas semanas.
Zara no ofrece nada interesante. Ha introducido algunos pantalones vaqueros premamá cuya calidad deja que desear al lado de otros pantalones - sobre todo en el material del que está hecho el canguro (esa tira ancha que abraza tu barriga protuberante y de cuyo nombre me he enterado hace poco) -. A parte de eso... quizás traen algunas blusas sosas, alguna camiseta sin ningún tipo de pretensión y todo eso en un "corner" (es que he decidido escribir con propiedad, jejeje) que no tiene más de veinte centímetros cuadrados. No sé si es que piensan que como ahora la moda no es ceñida, que abundan los blusones, pueden ahorrarse un esfuerzo en esa otra línea. Pero ya les digo yo que no. No tiene nada que ver la ropa hecha exprofeso para embarazadas que las que te pones porque son anchas, estas últimas hacen un efecto "mesa camilla" nada favorecedor.
Massimo Dutti, simplemente no lo contemplan. No hay nada. Puedes aprovecharte de su gran abanico de blusones con los que te agasajan cada principio de temporada, pero como ya dije antes, no convencen por completo.
Mango, cero patatero. Ya entraba poco por diferentes razones ajenas al post, pero ahora entro menos.
Blanco, Bershka, Stradivarius... Por supuesto, todas estas tiendas han quedado fuera de mi radio de acción por el tema de la edad hace ya mucho tiempo. Me siento como cuando mi madre me acompañaba a comprarme ropa de adolescentes: pienso que lo único que le falta a cada una de las tiendas es una barra americana y un podium para gogós. Aunque en los últimos tiempos he pensado que no les vendrían mal hacer una línea premamá para sus clientas, ya que su público objetivo es un nicho de mercado premamá bastante poco explorado. (Aunque supongo que quedaría políticamente incorrecto).
Y ahora, saltándome más tiendas en la que los resultados fueron simplemente nulos, me voy a las estrellas:
H&M. Gran hallazgo. El corner de premamá es pequeño, pero suficiente. Todo tipo de pantalones: vaqueros, que por cierto tienen calidad y quedan estupendamente; con lycra y pitillos, perfectos, yo misma tengo unos en grises y son de los que más me gustan; pantalones de verano, tipo cacería; mallas... etc. En el ámbito de los blusones, volvemos a los mismos blusones sosos, pero también a camisetas con prints muy chulos y con un corte premamá, ya me he hecho con tres; camisetas básicas blancas, negras y grises, de tirantas o de manga corta, imprescindibles... Los precios, asequibles. Chicas premamás del mundo: OS ACONSEJO H&M PARA VUESTRAS COMPRAS PREMAMÁ. Lástima que no en todos los establecimientos tengan esta línea.
Benetton. Buenas oportunidades en rebajas.
Mit Mat Mamá. Esta tienda es especializada en premamás y está muy bien si tienes la cartera llena (pero de verdad, no como la llevaba yo al principio del post). De aqui tengo un peto original adquirido en rebajas. Nada más. Los vaqueros, chulísimos, pero de unos setenta euros, para mí, nada asequibles. Pero déjate mimar, no suele haber mucha gente y la chica te lo pone todo a tu disposición, te pruebas muchas cosas y sí, puedes acabar pincando algo. (Y sus escaparates te dejan con ganas de más).
El Corte Inglés. Bueno, ya no es lo que era, para bien. Quiero decir, antes "El Corte Inglés" era sinónimo de "¡Carooooo!", pero ahora puede ser un lugar más por el que ir sin ningún tipo de pudor. De forma normal, Fórmula Joven, Sfera, etc. te dan soluciones muy satisfactorias. Pero como no estamos en una situación "normal" (menos mal, porque estar embarazada es maravilloso, pero para lo que dura, no para más), pues voy a lo que voy. Que tenga yo entendido, "Alia" es su marca de premamá, al menos es la única que he visto. Lo malo de todo esto, es que cogí lo restos de rebajas y no había mucha variedad. La línea tampoco es muy extensa, pero en el catálogo de la Semana Fantástica he visto una camiseta naranja chulísima.
C&A. A pesar de que tienen una sección muy bien nutrida, no me gustó nada de lo que había. Qué le vamos a hacer, no es mi estilo. Aún así aconsejo dar una vueltecilla.
Prénatal. Igual que C&A. Tenían bastantes cosas, pero ni me terminó de convencer ni los precios eran los más adecuados.
Bueno, aquí han ido algunas pinceladas. La conclusión, la misma con la que comenzaba el post: las mujeres premamás estamos discriminadas. Es comprensible que no haya lo mismo en cantidad y calidad como lo hay de moda normal, pero un poquito de por favor, que somos mujeres y quizás nosotras necesitemos más que ninguna otra persona sentirnos más guapas.
Un apunte: para un vaquero, piérdele el cariño a un mínimo de 40 euros. Puede dar coraje, sobre todo porque no lo usarás de forma indefinida, sino solo por unos meses, pero es un aro por el que todas tenemos que pasar.
En otro post hablaré de la ropa interior, la gran olvidada.
Chaoo!!
PD: Y no te dejes llevar por los comentarios tipo: "No te compres mucho, para lo que dura", "Con dos pantalones, tienes de sobra". La gran señora M. fue una experta en estos comentarios, pero admitámoslo, ¿quién quiere ir retratada? No me voy a hacer con un armario completo de premamá, pero...
PPD: Aquí dejo unas muestras de mi pequeño armario premamá, faltan algunas cosillas (dos vaqueros, una camiseta y poco más).


domingo, 6 de marzo de 2011
De pérdidas, retenciones y aumentos.
Me encuentro en el trimestre idílico del embarazo. Dejé atrás los primeros tres meses de incomodidades, dolores de regla y sueño, aunque esto último se ha hecho crónico no llega a los niveles anteriores.
Sin embargo, hay ciertos síntomas que hacen que plante los pies en el suelo y no me vaya por las nubes:
- Pérdidas. Las terribles pérdidas. ¿A cuántas de nosotras no le ha pasado alguna vez de forma normal en su vida diaria? A mí me ha pasado, seguro, pero de forma excepcional y siempre por mi culpa: ¿por qué teniendo un baño en el bar donde te estás tomando unas tapas decides esperar a llegar a casa? Nunca lo entenderé, pero me ha pasado muchas veces. Y sigues bebiendo tu Nestea (que sí, es té, te llena la vejiga más rápidamene); y sigues con las piernas cruzadas porque estás más cómoda a pesar de estar más constreñida; y mientras vas saliendo del bar hacia el coche estás pensando: "Estás perdiendo tu oportunidad". Vuelves corriendo y ya hay una cola de tres o cuatro chicas... "¡Venga, me voy que seguro que llego!". Llegar, llegas, por supuesto, pero ya se te ha escapado un pelín.
Ahora no. Ahora aprovechas cualquier momento para ir al baño, diría que aunque no tuviera ganas, pero nunca es así: siempre tienes ganas. Aún así, una tos o una carcajada más fuerte que otra te hace tener una pequeña pérdida. ¡Dios! Si entro en el baño una media de cien veces al día, ¿por qué? Menos mal que son tan pequeñas que no son perceptibles ni nada, solo yo me doy cuenta. Pero vislumbro a Tena Lady más cerca de lo que me gustaría.
- Retenciones. No me di cuenta de lo que realmente signficaba esta palabra hasta hace un par de semanas. Llegaba a casa un sábado por la noche después de una jornada intensa de trabajo (sí, sigo teniendo turnos de fin de semana) y tras un paseo igual de intenso por Ikea en busca de modelos de cómodas para la nueva habitación. Lo único que me daba alegría al rostro era un pantalón premamá chulísimo y un pañuelo más chulo aún que me compré en H&M. A parte de eso, mi agotamiento era más que evidente. Cuando me quité los calcetines, observé un fenómeno que despertó todos mis sentidos: los huesos de mis tobillos habían desaparecido.
Lanzo una pregunta: ¿por qué si voy mil veces al baño, se retienen líquidos durante el embarazo?
- Aumentos. Mi talla de sujetador ha subido, por ahora, una talla. Mi pequeña y coqueta talla 90 ha sido superada hasta llegar a una insospechada, para mí y para mi cuerpo, talla 95. Lo más bueno es que las envuelvo en un sujetador premamá: sin aros y sin foam (sin relleno, pero qué bien suena escribirlo como te viene en las cajitas de Woman Secret, ¿eh?). ¿Resultado? Son cómodos, pero al no tener rellenito, la forma es extraña (estoy acostumbrada a la forma aritificial y redondeada de mis sujetadores con foam). Esto también trae otra consecuencia: como haga algo de frío, los pezones se me señalan, algo que siempre me ha dado mucho coraje y mucha vergüenza. Al no tener aros, con el paso de las horas, no se mantiene del todo fijo. Es decir, son cómodos e incómodos a la vez.
Así que aquí estoy, con los pies en el suelo, aunque no dudéis que estoy disfrutando mogollón del estado. Digamos que estos elementos que parecieran de un producto bancario (pérdidas, retenciones y aumentos) no restan nada, o casi nada, a la sensación maravillosa de sentir cómo se mueve, de soñar como será y de ilusionarte con cada paso que das para darle la bienvenida. (Esto último me ha quedado ñoño, pero qué le vamos a hacer, esa es otra de las consecuencias del segundo trimestre de embarazo, la ñoñez).
Chaoo!!
Sin embargo, hay ciertos síntomas que hacen que plante los pies en el suelo y no me vaya por las nubes:
- Pérdidas. Las terribles pérdidas. ¿A cuántas de nosotras no le ha pasado alguna vez de forma normal en su vida diaria? A mí me ha pasado, seguro, pero de forma excepcional y siempre por mi culpa: ¿por qué teniendo un baño en el bar donde te estás tomando unas tapas decides esperar a llegar a casa? Nunca lo entenderé, pero me ha pasado muchas veces. Y sigues bebiendo tu Nestea (que sí, es té, te llena la vejiga más rápidamene); y sigues con las piernas cruzadas porque estás más cómoda a pesar de estar más constreñida; y mientras vas saliendo del bar hacia el coche estás pensando: "Estás perdiendo tu oportunidad". Vuelves corriendo y ya hay una cola de tres o cuatro chicas... "¡Venga, me voy que seguro que llego!". Llegar, llegas, por supuesto, pero ya se te ha escapado un pelín.
Ahora no. Ahora aprovechas cualquier momento para ir al baño, diría que aunque no tuviera ganas, pero nunca es así: siempre tienes ganas. Aún así, una tos o una carcajada más fuerte que otra te hace tener una pequeña pérdida. ¡Dios! Si entro en el baño una media de cien veces al día, ¿por qué? Menos mal que son tan pequeñas que no son perceptibles ni nada, solo yo me doy cuenta. Pero vislumbro a Tena Lady más cerca de lo que me gustaría.
- Retenciones. No me di cuenta de lo que realmente signficaba esta palabra hasta hace un par de semanas. Llegaba a casa un sábado por la noche después de una jornada intensa de trabajo (sí, sigo teniendo turnos de fin de semana) y tras un paseo igual de intenso por Ikea en busca de modelos de cómodas para la nueva habitación. Lo único que me daba alegría al rostro era un pantalón premamá chulísimo y un pañuelo más chulo aún que me compré en H&M. A parte de eso, mi agotamiento era más que evidente. Cuando me quité los calcetines, observé un fenómeno que despertó todos mis sentidos: los huesos de mis tobillos habían desaparecido.
Lanzo una pregunta: ¿por qué si voy mil veces al baño, se retienen líquidos durante el embarazo?
- Aumentos. Mi talla de sujetador ha subido, por ahora, una talla. Mi pequeña y coqueta talla 90 ha sido superada hasta llegar a una insospechada, para mí y para mi cuerpo, talla 95. Lo más bueno es que las envuelvo en un sujetador premamá: sin aros y sin foam (sin relleno, pero qué bien suena escribirlo como te viene en las cajitas de Woman Secret, ¿eh?). ¿Resultado? Son cómodos, pero al no tener rellenito, la forma es extraña (estoy acostumbrada a la forma aritificial y redondeada de mis sujetadores con foam). Esto también trae otra consecuencia: como haga algo de frío, los pezones se me señalan, algo que siempre me ha dado mucho coraje y mucha vergüenza. Al no tener aros, con el paso de las horas, no se mantiene del todo fijo. Es decir, son cómodos e incómodos a la vez.
Así que aquí estoy, con los pies en el suelo, aunque no dudéis que estoy disfrutando mogollón del estado. Digamos que estos elementos que parecieran de un producto bancario (pérdidas, retenciones y aumentos) no restan nada, o casi nada, a la sensación maravillosa de sentir cómo se mueve, de soñar como será y de ilusionarte con cada paso que das para darle la bienvenida. (Esto último me ha quedado ñoño, pero qué le vamos a hacer, esa es otra de las consecuencias del segundo trimestre de embarazo, la ñoñez).
Chaoo!!
jueves, 24 de febrero de 2011
El comienzo de una historia
Llevo unos días pensando el tema sobre el qué escribir. Ya tenia pensado desempolvar algunas cosillas que he escrito al principio de mi "incoherencia matemática", y creo que este puede ser un buen momento. Me hace gracia recuperar esto porque ahora mismo las sensaciones son tan diferentes que diría que no tienen nada que ver. Allá va...
Escrito el 14 de diciembre de 2010
-------------------------------------------------------------------------------------------
Estar embarazada dista mucho de lo que ves en la tele, en las películas y en las series.
No es un estado idílico en el que la mujer se siente más mujer y en el que te pasas los días pensando en tu futuro. Al menos cuando solo llevas tres meses embarazada.
De momento a mí me ha traído mucha ilusión, eso es cierto. Sin embargo, me ha traído una percepción de lo físico a unos niveles insospechados. Ya me lo dijo una ginecóloga: "Si no quieres molestias, no te quedes embarazada".
Y es que todo empezó con dolores y ahora continúan esos dolores. Si una vez pensé medio en broma medio en serio, que quedarse embarazada serían nueve meses libre de regla, la realidad es que, afortunadamente no sangro, pero el dolor es continuo (con diferentes picos de intensidad y la mayor parte del tiempo tolerables, para que las mentes más aprensivas no den un paso atrás).
El dolor de barriga - principal protagonista de la primera parte de este periplo - junto a unas sensaciones internas extrañas; unido todo unos gases insoportables (e incómodos según el lugar donde me encuentre); un estreñimiento galopante; una pérdida de curvas progrevisa (a pesar de que aún llevo mi ropa... ¿cuándo podré comprarme ropa premamá?); junto a un aumento exponencial de la talla del sujetador (el dolor de tetas también es significativo); junto al sueño (gracias a que ha ido disminuyendo, pero podría pasar horas tumbada y durmiendo).
En fin, todas esas cosas han hecho que, en mis tres primeros meses de embarazo, esté más cerca de lo físico que lo idílico.
¡Pero estoy más guapa! Me lo dice todo el mundo... ¿será niño? Suelen decir eso. Me da lo mismo, "con tal de que venga sano y bien" (es la frase más manida, pero más real de todas cuantas he escuchado).
-------------------------------------------------------------------------------------------
Bueno, ni que decir tiene que las sensaciones han cambiado totalmente, el pecho me sigue doliendo y el aumento de talla ya es más que evidente. Los gases y el estreñimiento vienen y van, pero funciona el autocontrol, jajajaja. Y ya no me pongo mi ropa, uso "solo" dos vaqueros premamá, ¡¡que cuestan un pasón!! Y la faja "antisexy", bautizada así por la pequeña señorita M. (mi hermana) y que la gran señora M. (mi madre) me insistió en que me comprara y me pusiera, "para que la barriga no se despendolara".
¡Ah! Por cierto, no sé si lo dije, pero ¡es niño!
Escrito el 14 de diciembre de 2010
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Estar embarazada dista mucho de lo que ves en la tele, en las películas y en las series.
No es un estado idílico en el que la mujer se siente más mujer y en el que te pasas los días pensando en tu futuro. Al menos cuando solo llevas tres meses embarazada.
De momento a mí me ha traído mucha ilusión, eso es cierto. Sin embargo, me ha traído una percepción de lo físico a unos niveles insospechados. Ya me lo dijo una ginecóloga: "Si no quieres molestias, no te quedes embarazada".
Y es que todo empezó con dolores y ahora continúan esos dolores. Si una vez pensé medio en broma medio en serio, que quedarse embarazada serían nueve meses libre de regla, la realidad es que, afortunadamente no sangro, pero el dolor es continuo (con diferentes picos de intensidad y la mayor parte del tiempo tolerables, para que las mentes más aprensivas no den un paso atrás).
El dolor de barriga - principal protagonista de la primera parte de este periplo - junto a unas sensaciones internas extrañas; unido todo unos gases insoportables (e incómodos según el lugar donde me encuentre); un estreñimiento galopante; una pérdida de curvas progrevisa (a pesar de que aún llevo mi ropa... ¿cuándo podré comprarme ropa premamá?); junto a un aumento exponencial de la talla del sujetador (el dolor de tetas también es significativo); junto al sueño (gracias a que ha ido disminuyendo, pero podría pasar horas tumbada y durmiendo).
En fin, todas esas cosas han hecho que, en mis tres primeros meses de embarazo, esté más cerca de lo físico que lo idílico.
¡Pero estoy más guapa! Me lo dice todo el mundo... ¿será niño? Suelen decir eso. Me da lo mismo, "con tal de que venga sano y bien" (es la frase más manida, pero más real de todas cuantas he escuchado).
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Bueno, ni que decir tiene que las sensaciones han cambiado totalmente, el pecho me sigue doliendo y el aumento de talla ya es más que evidente. Los gases y el estreñimiento vienen y van, pero funciona el autocontrol, jajajaja. Y ya no me pongo mi ropa, uso "solo" dos vaqueros premamá, ¡¡que cuestan un pasón!! Y la faja "antisexy", bautizada así por la pequeña señorita M. (mi hermana) y que la gran señora M. (mi madre) me insistió en que me comprara y me pusiera, "para que la barriga no se despendolara".
¡Ah! Por cierto, no sé si lo dije, pero ¡es niño!
jueves, 17 de febrero de 2011
Los días DULCE
¡Ay! Creo que voy a comenzar a ver a la matrona como a la bruja mala. Sé que todo lo que dice lo dice por mi bien; todo lo que hace, lo hace por mi bien, pero... ¿pero por qué tengo que guardar tanto las formas con las comidas? Si no he engordado tanto... A ver, me pongo en situación: segunda cita con la matrona (sí, en la seguridad social te ven durante el embarazo tantas veces que cuentas con los dedos de una mano y te sobran); peso: 67 kg. (Peso inicial: 64 kg); semanas: 19. (Nota importante: entre medias han estado las Navidades, algo que podría haber causado estragos, pero... que no lo ha hecho).
Conversación:
-Bueno, y del peso, ¿qué piensa? (Feliz, contenta, ingenua, yo espero sentada su respuesta)
-Pues teniendo en cuenta que el bebé debe pesar unos 300 gramos... El resto...
-Oh.
-En fin, tampoco es tanto, pero ten cuidado con la comida, ¿vale?
Mi gozo en un pozo, ¡si yo he llegado a pesar en mi vida normal 67 kg! Sobre todo en el momento álgido del verano, cuando lo tenía todo perdido y me ponía el límite de un helado... al día. Sí, al día, así de estricta era yo.
¿Dónde quedaron los comentarios de todo el mundo? "Chica, pues no se te nota nada"; "No has engordado nada"; "Estás igual". Y mis respuestas: "Pues me sigo poniendo mi ropa"; "Como yo no he sido nunca de vestir ceñida..."; "Los pantalones me han empezado a molestar un poco, pero solo cuando me siento". Todo eso... todo eso quedó atrás. En mi afán de no superar en kilos los meses de embarazo - y a pesar de los comentarios optimistas e indignados de la gran señora M. - me he puesto un plan estricto de caprichos: EL DÍA DEL DULCE.
Solo días alternos podré permitirme un capricho dulce, tradúzcase eso en un bol con helado (preparado con amor y tiento de no pasarme); unas cuantas onzas de chocolate (en cualquier caso, no más de cuatro, y de las de Nestlé, que cada vez son más pequeñas); un dulce (bollería industrial, vamos, ahí espera una bolsita de Minibollycaos a ser estrenada mañana, próximo DÍA DEL DULCE); un postre de fresas con leche condensada (más bien, en mi caso, leche condensada con fresas, jejeje)... Y todo ello, opcional, es decir, nunca sumar más de un capricho al día. Los fines de semana soy más flexible, por aquello de que se queda más con los amigos y con la familia y tomar café y pastel es un deporte muy extendido.
Por supuesto, no he contemplado no tener caprichos, ya me los permitía antes, ¿cómo voy a obviarlos ahora? Mi vida se divide ahora en DÍA DEL DULCE y día normal y DÍA DEL DULCE y día normal... ¿Podré aguantarlo mucho tiempo? Acabo de empezar, ya os contaré cómo me va.
Conversación:
-Bueno, y del peso, ¿qué piensa? (Feliz, contenta, ingenua, yo espero sentada su respuesta)
-Pues teniendo en cuenta que el bebé debe pesar unos 300 gramos... El resto...
-Oh.
-En fin, tampoco es tanto, pero ten cuidado con la comida, ¿vale?
Mi gozo en un pozo, ¡si yo he llegado a pesar en mi vida normal 67 kg! Sobre todo en el momento álgido del verano, cuando lo tenía todo perdido y me ponía el límite de un helado... al día. Sí, al día, así de estricta era yo.
¿Dónde quedaron los comentarios de todo el mundo? "Chica, pues no se te nota nada"; "No has engordado nada"; "Estás igual". Y mis respuestas: "Pues me sigo poniendo mi ropa"; "Como yo no he sido nunca de vestir ceñida..."; "Los pantalones me han empezado a molestar un poco, pero solo cuando me siento". Todo eso... todo eso quedó atrás. En mi afán de no superar en kilos los meses de embarazo - y a pesar de los comentarios optimistas e indignados de la gran señora M. - me he puesto un plan estricto de caprichos: EL DÍA DEL DULCE.
Solo días alternos podré permitirme un capricho dulce, tradúzcase eso en un bol con helado (preparado con amor y tiento de no pasarme); unas cuantas onzas de chocolate (en cualquier caso, no más de cuatro, y de las de Nestlé, que cada vez son más pequeñas); un dulce (bollería industrial, vamos, ahí espera una bolsita de Minibollycaos a ser estrenada mañana, próximo DÍA DEL DULCE); un postre de fresas con leche condensada (más bien, en mi caso, leche condensada con fresas, jejeje)... Y todo ello, opcional, es decir, nunca sumar más de un capricho al día. Los fines de semana soy más flexible, por aquello de que se queda más con los amigos y con la familia y tomar café y pastel es un deporte muy extendido.
Por supuesto, no he contemplado no tener caprichos, ya me los permitía antes, ¿cómo voy a obviarlos ahora? Mi vida se divide ahora en DÍA DEL DULCE y día normal y DÍA DEL DULCE y día normal... ¿Podré aguantarlo mucho tiempo? Acabo de empezar, ya os contaré cómo me va.
domingo, 6 de febrero de 2011
Incoherencias matemáticas
Hoy quiero hablar de incoherencias matemáticas, en parte porque es un día especial, los miércoles, ya veréis luego por qué, y en parte porque me viene mucho al hilo. Y ya se sabe, un punto lo tienes ganado cuando traes muy convenientemente los temas, te hacen ser como ingeniosa (cuando a lo mejor, y en mi caso con total seguridad, he tardado mucho en encontrar la fórmula perfecta).
Incoherencia matemática era, por ejemplo, aquella canción de "Uno más uno son siete". Incoherencia con la que imagino una conversación padre hijo:
-Papá, ¿uno más uno no eran dos?
-Ajá, hijo mío.
-Entonces, ¿esta canción? ¿Ahora ya son siete?
-No, hijo mío, tú eches cuenta y préstale atención a tu profesora a la hora de sumar, restar, dividir y multiplicar, ¿de acuerdo? - Mientras, el padre piensa "cómo podría explicarle aquello de las licencias artísticas, malditas licencias artísticas...", demasiado complicado.
Incoherencia matemática es la frase hecha "No le busques tres pies al gato". ¿Qué pies? ¿Qué tres? ¿Qué gato? También es una incoherencia lingüística, claro, y la explicación al niño sería aún más farragosa. Dejémosela entonces a la profe de lengua.
Incoherencia matemática es cuando mi madre me da un tupper diciéndome que hay para dos platos... y hay para un plato y medio... Ella me dice que es porque mis platos son más grandes, pero yo finalmente haciendo de esposa sacrificada le digo al señor M.: "Es que yo no tengo mucha hambre hoy". Es la frase de mi madre, supongo que es la frase de todas las esposas, jejeje.
Pero la mayor incoherencia matemática que estoy viviendo en mi vida hoy en día es que yo soy dos. Sí, sí... Tras toda esta larga introducción, tengo que decir que no era más que una excusa para decir que... ¡estoy embarazada! Con lo que, "una somos dos".
Quizás esta haya sido la razón real de relanzarme en la carrera bloguera, quizás sea un mal momento - por aquello de que "en breve" no voy a tener tiempo ni de mirarme al espejo -, pero bueno. Aquí estoy y así son las cosas. Los miércoles cumplo semanas y ya van 19 (en idioma de la calle, casi de cinco meses) y ún no me lo llego a creer, aunque más me vale que lo vaya haciendo, ¿a qué voy a esperar? ¿A tener aquí el "momento"?
Bueno, pues sí, las incoherencias matemáticas existen: uno más uno pueden ser siete, claro que sí (vi demasiadas temporadas de esta serie que duró demasiadas temporadas); los gatos tienen tres pies a veces; los lunes no tengo diez dedos y una persona puede ser dos, claro que sí, ¡incluso tres o cuatro... o más! Pero yo soy dos, no más, gracias a Dios, jajaja.
Chaoo!!
Incoherencia matemática era, por ejemplo, aquella canción de "Uno más uno son siete". Incoherencia con la que imagino una conversación padre hijo:
-Papá, ¿uno más uno no eran dos?
-Ajá, hijo mío.
-Entonces, ¿esta canción? ¿Ahora ya son siete?
-No, hijo mío, tú eches cuenta y préstale atención a tu profesora a la hora de sumar, restar, dividir y multiplicar, ¿de acuerdo? - Mientras, el padre piensa "cómo podría explicarle aquello de las licencias artísticas, malditas licencias artísticas...", demasiado complicado.
Incoherencia matemática es la frase hecha "No le busques tres pies al gato". ¿Qué pies? ¿Qué tres? ¿Qué gato? También es una incoherencia lingüística, claro, y la explicación al niño sería aún más farragosa. Dejémosela entonces a la profe de lengua.
Incoherencia matemática es cuando mi madre me da un tupper diciéndome que hay para dos platos... y hay para un plato y medio... Ella me dice que es porque mis platos son más grandes, pero yo finalmente haciendo de esposa sacrificada le digo al señor M.: "Es que yo no tengo mucha hambre hoy". Es la frase de mi madre, supongo que es la frase de todas las esposas, jejeje.
Pero la mayor incoherencia matemática que estoy viviendo en mi vida hoy en día es que yo soy dos. Sí, sí... Tras toda esta larga introducción, tengo que decir que no era más que una excusa para decir que... ¡estoy embarazada! Con lo que, "una somos dos".
Quizás esta haya sido la razón real de relanzarme en la carrera bloguera, quizás sea un mal momento - por aquello de que "en breve" no voy a tener tiempo ni de mirarme al espejo -, pero bueno. Aquí estoy y así son las cosas. Los miércoles cumplo semanas y ya van 19 (en idioma de la calle, casi de cinco meses) y ún no me lo llego a creer, aunque más me vale que lo vaya haciendo, ¿a qué voy a esperar? ¿A tener aquí el "momento"?
Bueno, pues sí, las incoherencias matemáticas existen: uno más uno pueden ser siete, claro que sí (vi demasiadas temporadas de esta serie que duró demasiadas temporadas); los gatos tienen tres pies a veces; los lunes no tengo diez dedos y una persona puede ser dos, claro que sí, ¡incluso tres o cuatro... o más! Pero yo soy dos, no más, gracias a Dios, jajaja.
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